Ave, ¡oh vulgo!

Pero si todo es viejo, ramplón y vulgar… ¡Por eso, cabalmente! Hay que repetirlo para que no se olvide; pero… con cierto añadidijo; a saber: que la vida, cualquiera que ella sea, es una vulgarida y nada más que vulgaridad. Los sabios la disimulan con mentiras, y con mentiras los idiotas; los poetas la envuelven en ensueños y los positivistas en experiencias. Buenos y malvados la disfrazan con esperanzas. Los ricos la tapamos con oro, los mediocres con arena y los pobres con ceniza.

¿Qué más da entonces una vida que otra? Y, por lo mismo que la vida es vulgar, hagamos votos por el vulgo manifiesto, neto y típico; por el vulgo que no aparenta, que no engaña, que no tapa. Hagamos votos por el suburbio. De él saldrán las aristocracias del futuro. Porque en esos focos de la vulgaridad concentrada, donde se agitan los vicios y las virtudes, lo máximo y lo mínimo del hombre, se canta, más que en las altas esferas, el salmo sempiterno de la vida.

Tomás Carrasquilla.

Publicado en on Junio 30, 2008 at 1:25 am Comentarios (1)

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Un Comentario Leave a comment.

  1. woooooooooow, doña cata


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