Por fin llegó el domingo y el tan esperado paseo con las sirenas travesti. Son tan tontas, me llevaron a San Félix, un corregimiento cercano a Medellín. Cuando llegamos allí encontré la opción perfecta para escapar.
Así que sin dudarlo busqué un aliado para fugarme mientras ellas bebían cerveza. Ya me tenía tanta confianza que me dejaban andar sin la cadena.
En efecto, estas locas se emborracharon y se les olvidó que yo existía. Corrí a buscar a mi cómplice y, sin pensarlo, me les volé.
Chau sirenas, hasta nuncaaaaaaa… Saint Tèrriéns he vuelto. ¡Cuánto amo la libertad!





